La trampa de la evitación: huir de lo que nos asusta alimenta la ansiedad

La trampa de la evitación: huir de lo que nos asusta alimenta la ansiedad

Generalmente tendemos a alejarnos de aquello que nos produce un malestar significativo, por ejemplo; si una conversación nos incomoda, la intentamos posponer; si nos da miedo coger un ascensor, subimos andando, etc.

A corto plazo, esta estrategia parece que funciona muy bien porque nos produce un alivio inmediato. Sin embargo, lo que estamos haciendo es ir tejiendo de manera silenciosa, un mecanismo de miedo que terminará por extenderse y condicionar muchos aspectos de nuestra vida.

¿Por qué caemos en la trampa de la evitación?

Cuando evitamos una situación, en nuestro cerebro, suceden dos cosas:

  • Refuerzo negativo: cuando huimos de algo que nos produce malestar, sentimos una sensación placentera. El cerebro aprende que «para estar a salvo, tengo que escapar».
  • Pérdida de oportunidad: al escapar de la situación, perdemos la oportunidad de comprobar que lo que anticipamos, probablemente no se iba a cumplir.

Como resultado, se genera un círculo vicioso. Cada vez que nos exponemos a ese estímulo temido, la ansiedad es mayor y el impulso de huir, cada vez, es más fuerte.

Huir de lo que nos asusta alimenta la ansiedad

Diferentes formas de evitación:

Cuando pensamos en la conducta de evitación, nos imaginamos el acto de salir corriendo de la situación. Sin embargo, este tipo de comportamiento puede manifestarse de varias formas:

  • Evitación conductual: evitar hacer cosas, como, por ejemplo; acudir a sitios, coger medios de transporte, delegar tareas difíciles en otros, procrastinar sistemáticamente, rechazar planes, etc.
  • Evitación cognitiva: distraerse constantemente para no pensar en un problema, mirar el móvil cuando aparece alguna emoción incómoda, centrarse en el trabajo ampliando el horario, etc.
  • Evitación sutil: exponerse a situaciones temidas, pero recurriendo a conductas de seguridad, como, por ejemplo; ir a los sitios, pero siempre con alguien, situarse siempre cerca de la puerta de salida, tomar un ansiolítico «por si acaso», ensayar las conversaciones antes de tenerlas, etc.

Todas estas formas de evitación sutil comparten el mismo objetivo: no experimentar la ansiedad, pero también obtienen el mismo resultado: nuestra mente confirma que no somos capaces de gestionar la ansiedad por nosotros mismos.

¿CÓMO ROMPER EL CÍRCULO VICIOSO?

El objetivo de la Terapia Cognitivo-Conductual es que la persona aprenda a gestionar la ansiedad.

La forma de romper la trampa es la exposición gradual y sistemática. Para ello, durante la intervención psicológica, se enseña a la persona a:

  • Detectar sus vías de escape: se trata de hacer consciente lo inconsciente.
  • Identificar los pensamientos que están asociados al miedo y cambiarlos por otros más adaptativos.
  • Diseñar una exposición gradual y segura.
  • Lograr el fenómeno biológico llamado habituación: nuestro cerebro comprenderá, por fin, que la situación es segura.

Afrontar lo que nos da miedo es incómodo, pero es la única manera de enseñarle a nuestro sistema nervioso que somos más fuertes y resilientes de lo que los pensamientos anticipatorios nos hacen creer.

Estíbaliz Ruiloba es Psicóloga en Bilbao Especialista en Psicología Clínica con amplia experiencia en los Trastornos de Ansiedad.

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